sábado, 4 de julio de 2015

Las tortas de Junio y Julio

En mi familia somos varios los que cumplimos años entre mediados de Junio y Julio. En apenas 15 días se festejan cuatro cumpleaños y el día del Padre, que es el tercer domingo de Junio.

Por lo tanto entre cada festejo familiar, con compañeros del trabajo y con amigos hago más tortas que en el resto del año. Una maratón de repostería!!

Aquí está un collage resumen de las tortas que hicimos este 2015.


Les comparto el link a algunas de las recetas para que las prueben, salen todas muy ricas:
Son las básicas, luego con una pizca de creatividad para los rellenos y los baños se logran excelentes y variados resultados.















martes, 23 de junio de 2015

Orígenes

Cuando mi hija mayor estaba en el último año de la escuela secundaria, la profesora de Historia de la Cultura planteó al curso como trabajo práctico hacer una investigación sobre los orígenes familiares de cada una, investigar con abuelos, tíos y parientes la historia de la familia, en general la mayoría con antepasados inmigrantes.

El trabajo de ella fue muy minucioso y completo, investigó la rama del árbol genealógico de su abuelo materno, mi papá, hasta llegar al tatarabuelo que vino de Italia a la Argentina.
Me pareció un aporte valioso poder guardar esos datos orales, que han pasado de padres a hijos y que con el transcurrir de los años se van perdiendo para las nuevas generaciones.

Esta es la historia, una más de las tantas historias de los inmigrantes de fines del siglo XIX en la Argentina.

La tucumana Jacinta y el milanés Carlo Enrico


1.- Orígenes

El primer inmigrante de la familia Mottironi en pisar el suelo argentino fue Carlo Enrico Giovani Mottironi, el abuelo de mi abuelo, mi tatarabuelo. Sin embargo su historia no fue como la mayoría de los dos millones de italianos que llegaron a nuestro país en casi 50 años. No vino a la Argentina para "fare l'América", ni tampoco para labrar la tierra o criar ganado. Su historia comienza así:

Carlo Enrico había nacido en la ciudad de Milán, Italia en el año 1872. Era hijo de dos milaneses, Carlo Mottironi y Lelia Zabola. Su padre, era gerente de un importante y prestigioso banco de esa ciudad italiana, en el cual hay un busto suyo en reconocimiento por su labor en la entidad.

Carlo, el padre de Carlo Enrico

Alrededor de 1893, Carlo Enrico se había enamorado de una joven suiza de origen judío que había conocido mientras cursaba sus estudios. Los padres de ella no aceptaron, por cuestiones religiosas, la relación con el joven cristiano. La decisión de la familia fue demasiado para ella y se suicidó.

El dolor que provocó la muerte de la joven a Carlo Enrico hizo que tomara una decisión. A los 23 años, gracias a las influencias y los contactos de su padre pudo conseguir un buen trabajo. Él era ingeniero mecánico y fue contratado por una compañía encargada de la instalación de un ingenio azucarero en la provincia de Tucumán, "Ingenio La Esperanza". Históricamente en la Argentina estaba surgiendo un nuevo estilo de vida, el de la Generación del '80, la que trasformó al país en un mercado exportador de materias primas e importador de manufacturas y principalmente capitales extranjeros.

Llegó a la Argentina el 1º de septiembre de 1895 en el buque "Sirio". Aunque no pensaba quedarse por mucho tiempo en América, el destino hizo que su vida sentara raíces argentinas. Quedó contratado por el Ingenio y poco tiempo después conoció a Jacinta Villagra, una tucumana que por 1897 tenía solo 15 años. Se casaron y tuvieron 6 hijos: Lelia, Carlos Enrique, Esther, Alejandro, Alfredo y Emma. Jacinta falleció apenas dos años después de tener a su última hija. Al poco tiempo conoció a Elvira, la que años más tarde sería su segunda esposa y madre de su séptima hija.

 
Carlo Enrico con sus hijos

Meses después de la muerte de Jacinta, y todavía llevando luto, volvió a su patria. Corría el año 1914 y a la Argentina comenzaban a llegar las primeras noticias de la Guerra con el asesinato del achiduque austríaco. Se preveía un estallido social y por esta razón no todos sus hijos lo acompañaron. Allí se reencontró, con cuñados y sobrinos. El motivo principal de ese viaje fue el de dejar a su hija mayor a cargo de sus hermanas para que realizara sus estudios en ese país. Lelia nunca regresó a América, formó su familia en Italia y actualmente continúa la rama allí.

Lelia, la hija que quedó en Europa

Solamente estuvieron 6 meses en Europa, la guerra había comenzado y su hogar no estaba allí, sino al otro lado del Atlántico. Murió el 16 de junio de 1926 en la provincia de Tucumán.


2.- Carlos Enrique, mi bisabuelo.

Carlos Enrique, el primer hijo varón de Carlo, nació en 1900 en Tucumán. Realizó allí sus estudios, asistió al Colegio Nacional y más tarde se recibió de tenedor de libros.

 
Carlos Enrique

A los 20 años cumplió con el servicio militar obligatorio en el Batallón de Ingenieros Ferrocarrileros con asiento en la provincia de Salta. Colaboró con la construcción del ramal ferroviavio a Huaitiquina (Chile), en donde adquirió experiencia en el funcionamiento y construcción de ferrocarriles.

Al terminar el servicio militar partió rumbo a Santa Fe. Desde allí llegaban noticias sobre la instalación de grandes empresas extranjeras en el litoral. Fue contratado por "La Forestal", empresa de origen inglés, destinada a la explotación del tanino (extracto del quebracho), que se utilizaba en el curtido de cueros. Esta compañía causó destrozos a nivel ecológico y social en la provincia. La tala indiscriminados de quebrachos, sin su posterior reforestación, dejó miles de hectáreas inutilizables. Así, cuando ya no podían obtener más materia prima, levantaban la fábrica y se dirigían rumbo a otro lugar. De esta manera fue como los pueblos obreros que se formaban alrededor de las fábricas se convirtieron en pueblos fantasmas.

Durante el período en que trabajó en "La Forestal" vivió en Villa Ocampo como pensionista en una casa de familia. Fue en este pueblo donde conoció a la que en 1924 sería su esposa. Vilelma era cuatro años más joven que él y tuvieron 3 hijos, Lelia Yolanda, Carlos Alberto y Elsa Beatriz.

Yoly, Elsa y Carlos Alberto
 
En 1930 renunció a "La Forestal" ya que lo habían convocado para participar en la fundación de "La Industrial del Norte Ltd." y donde trabajó como tenedor de libros. Esta empresa se instaló en una fábrica que anteriormente había pertenecido a "La Forestal". La explotación del quebracho dejó de ser rentable y la empresa tuvo que vender sus instalaciones a muy bajo precio.

"La Industrial del Norte Ltd." era un Ingenio Azucarero. En 1942 trasladó sus oficinas centrales desde Buenos Aires a la ciudad de Rosario, ya que allí se encontraban los principales accionistas.

Carlos Enrique Mottironi murió en Rosario en 1962, siendo gerente general de la compañía.


3.- Carlos Alberto, mi abuelo.

Carlos Alberto, el primer hijo varón de Carlos Enrique nació en Villa Ocampo el 16 de junio de 1928. Allí vivió hasta los 11 años. Sus primeros años de educación escolar los realizó en una escuela fiscal y después en el Colegio Virgen Niña. Esta institución estaba dirigida por religiosas de la ciudad de Buenos Aires y fue aceptado, al igual que otros niños varones, únicamente porque su madre había participado en la comisión formada para instalar dicho colegio en Villa Ocampo.

Pasó su infancia entre la escuela, las escapadas para ir de "aventuras", sus caballos, su bicicleta, historias de Tarzán y las tardes de patín. Leía libros de Verne y Salgari, historietas como "el Tony" y "Pif paf". Acostumbraba pasar sus veranos en las sierras cordobesas, principalmente La Falda.

En 1938, cuando solo tenía 10 años tuvo una terrible enfermedad, tétanos. Jugando en su casa una maceta cayó sobre su mano y tuvieron que amputarle el dedo pulgar de la mano derecha. En aquella época no había vacuna antitetánica y contrajo la enfermedad. Estuvo al borde de la muerte y su recuperación fue realmente un milagro. Aun recuerda esos pocos segundos en que según el, estuvo muerto: un túnel con mucha luz, un camino semejante a un muelle, el mar y voces que pronunciaban su nombre.

El primer automóvil de la familia fue un Ford T modelo 1926 y más tarde en 1930 llegó el primer modelo de Ford A. En Villa Ocampo, gracias a una empresa privada, pudieron disfrutar del teléfono antes que muchas zonas de la ciudad de Rosario.

A partir de 5º grado realizó sus estudios en Rosario.  El primer año fue pupilo en el colegio La Salle, pero desde 1942 toda su familia se instaló en esta ciudad en una casa de Bv. Oroño al 400, por la cercanía concurrió al colegio de los Hermanos Maristas. Estudió hasta 2ºaño en ese colegio y en el verano de 1945 preparó 9 materias para poder entrar a la Escuela Industrial de la Nación anexa a la Facultad de Ciencias Físico-químicas y naturales de la Universidad del Litoral (hoy, el Instituto Politécnico que depende de la Universidad Nacional de Rosario). Faltando seis meses para graduarse abandonó sus estudios para instalar con un socio un taller de fabricación de aparatos radioeléctricos ya que era radioaficionado (LUCF2). Su padre tuvo que gestionar su emancipación comercial, solo tenía 18 años cuando comenzó a trabajar.

Por el accidente en el que perdió el pulgar derecho no realizó el Servicio Militar Obligatorio. Siguió trabajando durante tres años en su taller hasta que, en 1949, su padre funda una fábrica de cartón corrugado, cajas y envases (SICAR) en Santa Fe. Comienza allí a trabajar durante dos años, pero no era lo que le gustaba asique vuelve a Rosario donde instala otro taller, de fabricación de los Jerry, los autos-ratón.

 
Carlos Alberto y Norma en las sierras de Córdoba


En las vacaciones veraneaban en familia y con amigos en Mar del Plata. En enero de 1951 conoce allí a una chica, amiga de la hija de un matrimonio conocido de sus padres. Ella era la que después sería mi abuela. Norma vivía en Rosario con sus tías porque estaba estudiando el profesaorado en ciencias pero era de San Vicente. Pasaron todo ese verano juntos. A los pocos meses comenzaron a salir, el noviazgo duró cuatro años y en 1954 se casaron en el camarín de la Virgen del Rosario en la iglesia Catedral de Rosario. Pasaron su luna de miel en las sierras de Córdoba.

Tuvieron tres hijos Marta, mi mamá, Graciela y Carlos Rafael.


Transcurrieron los años hasta llegar a 1960, cuando fundó la sociedad "Mottironi y Caballero", dedicada a la fabricación de repuestos para bicicletas. Desde entonces comenzó a trabajar en la industria metalúrgica.

Años más tarde diseñó las primeras bicicletas plegables de Rosario, las "Graciela". Continuó en la industria hasta 1993, año en que se retiró. 

autora: Florencia Q.
año 1996






sábado, 13 de junio de 2015

Torta de Peras

Una torta sencilla, fácil y deliciosa para toda hora.

 
 

Ingredientes

  
125g ( 2/3 taza) de azúcar blanco
  
1 huevo y 1 yema de huevo
  
1 cdta. vainilla
  
75 g (1/3 taza) de manteca derretida
  
55g (1/2 taza) de harina leudante

   90ml (6 cdas.) de leche
   6-7 peras
 
Preparación

    
Enmantecar un molde desmontable de 20 o 22cm de diámetro. Para un desmoldado más fácil se puede cubrir el fondo con papel manteca. Espolvorear el interior del molde con un poco de azúcar moreno, yo solo lo enmantequé y enhariné. Envolver la parte exterior del molde desmontable con un pedazo de papel de aluminio para evitar filtraciones ya que la mezcla resulta bastante líquida, y colocar en una bandeja para hornear.
    
Precalentrar el horno a 180 ° C.
    
Pelar las peras y cortar en cubos de 1 a 1,5 cm. Cocinar con 2 cucharadas de azúcar en microondas, retirar y dejar enfriar.
    
Derretir la manteca y dejar enfriar.
   
Batir los huevos con el azúcar hasta que la mezcla esté suave y esponjosa (2-3 minutos).  

    Agregar la vainilla y la manteca derretida hasta que se mezclen.
    Añadir la leche y luego la harina tamizada. Incorporar suavemente la fruta en la masa.
    
Verter en el molde preparado. Los trozos de fruta deben asomar por encima de la masa, si no, tal vez convenga agregar algunos más.

    Se puede espolvorear la parte superior con azúcar blanco antes de hornear para lograr una corteza superior dulce. Hornear en horno precalentado a 180 ° C durante 50 minutos o hasta que la superficie esté dorada y al pinchar con un palillo, éste salga limpio. Dejar enfriar completamente en el molde.
    Servir fría, a temperatura ambiente o ligeramente tibia, adornada con una capa de azúcar glas o con una bocha de helado de vainilla o una cucharada de crema batida endulzada.



Secretito: La receta original llevaba duraznos, pero como aquí estamos en invierno y no se consiguen la modifiqué y la realicé con peras. 
Quedó genial! Una masa suave, húmeda y muy cremosa con mucha fruta en su interior, se las recomiendo. La repetiré en noviembre cuando comience la temporada de duraznos.

La receta es de Seasons & Suppers, tiene unas fotos divinas!.

Mi versión en Instagram

viernes, 27 de marzo de 2015

Montalcino, el pueblo del Brunello.

En la tarde de nuestro segundo día en la Toscana, luego de haber recorrido desde Siena a Montepulciano, Pienza y San Quirico D'Orcia llegamos a Montalcino,  una pequeña ciudad amurallada similar a las que ya habíamos visitado, situada en lo alto de una colina con un panorama que alcanza los valles de Ombrone y de Asso.

El paisaje toscano de toda esta zona se caracteriza por sus austeras colinas de cipreses oscuros y ciudades fortificadas, así como por las muchas hectáreas de viñedos que dan origen a algunos de los más prestigiosos vinos de Toscana, tales como: El Brunello y el Rosso de Montalcino.

El perfil de la Chiesa di San Francesco se destaca en el paisaje.


Montalcino, que con sus 564 m sobre el nivel del mar domina majestuosa el paisaje de su alrededor, nació con vocación militar, siendo enclave defensivo para los etruscos primero, y para florentinos y sieneses posteriormente.

La ciudad tiene 6 puertas de acceso que se conservan casi intactas. Desde la Porta al Cassero, una rampa de piedra nos lleva hasta el pórtico de entrada a la Fortezza, una construcción que se remonta al siglo XIV.
Ahí se conserva una bandera para recordar que la ciudad ofreció alojamiento a un grupo de rebeldes después que Florencia conquistó Siena en 1555. Para recordar este evento, un grupo de `sbandieratori` de Montalcino abre cada año el desfile del Palio de Siena.
 La Fortezza tiene cinco magníficos torreones poligonales.


El Patio Interior

 El Brunello di Montalcino es un vino de esta región vitivinícola de Toscana y se elabora exclusivamente con uvas Sangiovese cultivadas en tierras que se encuentran cercanas a Montalcino.
Toma el nombre de “Brunello” porque de esa manera se le conoce a la variedad Sangiovese que crece en la zona, además su traducción al español significa “poco oscuro”.
El Brunello di Montalcino fue casi desconocido fuera de la zona de producción y de un círculo restringido de entendidos hasta la mitad de los años ’60.
Durante la década siguiente fue haciéndose más conocido hasta convertirse quizás, en el más cotizado vino italiano de calidad.
Se produce según las normas de un estricto reglamento que, además de fijar límites de producción por hectárea, periodo de añejamiento, características del producto, establece que antes de comercializarlo, el vino se someta al examen de una comisión correspondiente para el reconocimiento de los requisitos de especial prestigio de los cuales enorgullecerse por la DENOMINACIÓN DE ORIGEN CONTROLADA Y GARANTIZADA.





 Las plazas Garibaldi y del Popolo son los centros neurálgicos del Montalcino actual. Allí se emplaza el Ayuntamiento (Palazzo Comunale).
El Palacio Comunale es un edificio del siglo XIII, construido en piedra y ladrillo que tiene una  hermosa torre medieval.



 La Catedral de San Salvatore, la iglesia que se convertiría en la catedral se construyó en el siglo XIV en el sitio de la antigua Pieve de San Salvatore, que se cree que había sido construida en torno al año 1000, y fue elevada a la categoría de catedral en 1462 por el Papa Pío II.
 

Fue demolida y reconstruida entre 1818 a 1832 en el estilo neoclásico. Su arquitectura se caracteriza por un pórtico, formado por seis columnas jónicas y entablamento. Tres portales en el frente del este indican la división del edificio en tres naves, que tienen bóvedas de cañón. El campanario data del siglo XVIII. Los materiales para su construcción se tomaron de la iglesia románica de San Pietro in Asso.



 Me encantaron esas fachadas decoradas con frescos, los balcones aterrazados llenos de flores y los patios o rincones siempre con mucho verde.

 



  Recorrimos las tranquilas calles de este pueblo, con menos turistas que los que habíamos visitado anteriormente.
Sobre el final de nuestro camino nos encontramos con la Iglesia de la Madonna del Soccorso, construcción del siglo XVII, con una magnífica fachada neoclásica en mármol travertino.



 Antes de buscar el coche que habíamos dejado en el parking, nos tomamos algunas fotos de recuerdo y disfrutamos los últimos rayos del sol de la tarde contemplando el hermoso paisaje toscano. Todavía nos quedaban algunos kilómetros de viaje para volver a Siena.