sábado, 29 de agosto de 2015

Mug Cakes en cinco minutos.

De la mano de Virginia Sar descubrí las mug cakes. Son fáciles, rápidas de hacer y prácticamente no se ensucia nada en la cocina.
Preparé dos modelos con variaciones propias. Unas de masa de chocolate con chips de chocolate para los fanáticos y otras de suave masa de vainilla con trocitos de frutillas.

Mug cakes de chocolate



Mug cakes de vainilla
La receta básica es muy simple y fácil de adaptar a los ingredientes que tengas en tu casa.

Ingredientes

Leche 6 cdas.
Azúcar 5 cdas.
Huevo 1 Unidad
Manteca derretida 2 cdas.
Extracto de vainilla 1 cdita.
Sal 1 Pizca
Harina 4 cdas.

Para las de chocolate agregué:
2 cucaradas de cacao amargo
2 cucharadas de chips de chocolate o chocolate picado
1 copita de ron.

Para las de vainilla agregué:
1 cucharada de fécula de maíz
2 frutillas grandes o 3 medianas en trocitos.


Preparación

Derretir la  manteca y reservar, mezclar los ingredientes secos en un bol. Mezclar luego los húmedos y agregar a los secos. Mezclar bien, con estas proporciones salen dos tazones grandes como los de las fotos.
Luego, rociamos las tazas elegidas con spray de manteca y agregamos la preparación.
En microondas cocinamos 1 minuto y medio en potencia máxima y luego otro minuto y medio en 180º.
Recuerden no llenar las tazas porque la preparación sube al cocinarse.

 



Ahora no hay excusa, si llega una visita de sorpresa tendremos unas ricas tortas para acompañar un té o un cafecito en menos de cinco minutos.

domingo, 12 de julio de 2015

Torta de Manzanas y Canela

Después de la  maratón de tortas de los últimos días, dije que me iba a tomar un descanso de la repostería. Pero este fin de semana fue uno típico invernal, no tanto por el frío sino porque invitaba a quedarse en casa el clima húmedo, nublado y gris. 

Recordé una torta, bueno, más que una torta, dos aromas: manzana y canela. ¿Quién no ha asociado algún aroma con etapas de su niñez o adolescencia? El olfato es el sentido que está más conectado con nuestros recuerdos emocionales.
Manzana y canela me trasportan a mi infancia, con mis tías abuelas Delia y Pipi. Ellas solían hornear esas tortas con aromas maravillosos en las tardes de vacaciones de invierno o en los veranos en las sierras de Córdoba.

Puse manos a la obra y preparé una torta de manzana y canela, bien simple en base a la receta de la fantástica, porque siempre sale bien, torta de un huevo. 


Torta Básica de 1 Huevo

Ingredientes

80 grs. de manteca
1 taza de azúcar
1 huevo
2 tazas de harina leudante
una pizca de sal,
1 taza de leche
escencia de vainilla

Para esta torta agregar 2 manzanas peladas cortadas en dados de 1/2 cm y una cucharada de canela molida.

Preparación

Batir la manteca con el azúcar hasta que esté cremosa, incorporar el huevo y la vainilla, añadir los ingredientes secos, harina y canela, alternando con la leche y las manzanas cortadas, verter en molde para torta enmantecado y enharinado.
Hornear en horno precalentado a 180°C durante 50 minutos o hasta que la superficie esté dorada y al pinchar con un palillo, éste salga limpio.

Desmoldar, dejar enfriar y cubrir la superficie con azúcar glas.


El resultado es una masa húmeda en la que se notan los pequeños trozos de manzana y muy aromática por la canela. 

Ideal comerla aún tibia con un té o café, o lo que más les guste. 


sábado, 4 de julio de 2015

Las tortas de Junio y Julio

En mi familia somos varios los que cumplimos años entre mediados de Junio y Julio. En apenas 15 días se festejan cuatro cumpleaños y el día del Padre, que es el tercer domingo de Junio.

Por lo tanto entre cada festejo familiar, con compañeros del trabajo y con amigos hago más tortas que en el resto del año. Una maratón de repostería!!

Aquí está un collage resumen de las tortas que hicimos este 2015.


Les comparto el link a algunas de las recetas para que las prueben, salen todas muy ricas:
Son las básicas, luego con una pizca de creatividad para los rellenos y los baños se logran excelentes y variados resultados.















martes, 23 de junio de 2015

Orígenes

Cuando mi hija mayor estaba en el último año de la escuela secundaria, la profesora de Historia de la Cultura planteó al curso como trabajo práctico hacer una investigación sobre los orígenes familiares de cada una, investigar con abuelos, tíos y parientes la historia de la familia, en general la mayoría con antepasados inmigrantes.

El trabajo de ella fue muy minucioso y completo, investigó la rama del árbol genealógico de su abuelo materno, mi papá, hasta llegar al tatarabuelo que vino de Italia a la Argentina.
Me pareció un aporte valioso poder guardar esos datos orales, que han pasado de padres a hijos y que con el transcurrir de los años se van perdiendo para las nuevas generaciones.

Esta es la historia, una más de las tantas historias de los inmigrantes de fines del siglo XIX en la Argentina.

La tucumana Jacinta y el milanés Carlo Enrico


1.- Orígenes

El primer inmigrante de la familia Mottironi en pisar el suelo argentino fue Carlo Enrico Giovani Mottironi, el abuelo de mi abuelo, mi tatarabuelo. Sin embargo su historia no fue como la mayoría de los dos millones de italianos que llegaron a nuestro país en casi 50 años. No vino a la Argentina para "fare l'América", ni tampoco para labrar la tierra o criar ganado. Su historia comienza así:

Carlo Enrico había nacido en la ciudad de Milán, Italia en el año 1872. Era hijo de dos milaneses, Carlo Mottironi y Lelia Zabola. Su padre, era gerente de un importante y prestigioso banco de esa ciudad italiana, en el cual hay un busto suyo en reconocimiento por su labor en la entidad.

Carlo, el padre de Carlo Enrico

Alrededor de 1893, Carlo Enrico se había enamorado de una joven suiza de origen judío que había conocido mientras cursaba sus estudios. Los padres de ella no aceptaron, por cuestiones religiosas, la relación con el joven cristiano. La decisión de la familia fue demasiado para ella y se suicidó.

El dolor que provocó la muerte de la joven a Carlo Enrico hizo que tomara una decisión. A los 23 años, gracias a las influencias y los contactos de su padre pudo conseguir un buen trabajo. Él era ingeniero mecánico y fue contratado por una compañía encargada de la instalación de un ingenio azucarero en la provincia de Tucumán, "Ingenio La Esperanza". Históricamente en la Argentina estaba surgiendo un nuevo estilo de vida, el de la Generación del '80, la que trasformó al país en un mercado exportador de materias primas e importador de manufacturas y principalmente capitales extranjeros.

Llegó a la Argentina el 1º de septiembre de 1895 en el buque "Sirio". Aunque no pensaba quedarse por mucho tiempo en América, el destino hizo que su vida sentara raíces argentinas. Quedó contratado por el Ingenio y poco tiempo después conoció a Jacinta Villagra, una tucumana que por 1897 tenía solo 15 años. Se casaron y tuvieron 6 hijos: Lelia, Carlos Enrique, Esther, Alejandro, Alfredo y Emma. Jacinta falleció apenas dos años después de tener a su última hija. Al poco tiempo conoció a Elvira, la que años más tarde sería su segunda esposa y madre de su séptima hija.

 
Carlo Enrico con sus hijos

Meses después de la muerte de Jacinta, y todavía llevando luto, volvió a su patria. Corría el año 1914 y a la Argentina comenzaban a llegar las primeras noticias de la Guerra con el asesinato del achiduque austríaco. Se preveía un estallido social y por esta razón no todos sus hijos lo acompañaron. Allí se reencontró, con cuñados y sobrinos. El motivo principal de ese viaje fue el de dejar a su hija mayor a cargo de sus hermanas para que realizara sus estudios en ese país. Lelia nunca regresó a América, formó su familia en Italia y actualmente continúa la rama allí.

Lelia, la hija que quedó en Europa

Solamente estuvieron 6 meses en Europa, la guerra había comenzado y su hogar no estaba allí, sino al otro lado del Atlántico. Murió el 16 de junio de 1926 en la provincia de Tucumán.


2.- Carlos Enrique, mi bisabuelo.

Carlos Enrique, el primer hijo varón de Carlo, nació en 1900 en Tucumán. Realizó allí sus estudios, asistió al Colegio Nacional y más tarde se recibió de tenedor de libros.

 
Carlos Enrique

A los 20 años cumplió con el servicio militar obligatorio en el Batallón de Ingenieros Ferrocarrileros con asiento en la provincia de Salta. Colaboró con la construcción del ramal ferroviavio a Huaitiquina (Chile), en donde adquirió experiencia en el funcionamiento y construcción de ferrocarriles.

Al terminar el servicio militar partió rumbo a Santa Fe. Desde allí llegaban noticias sobre la instalación de grandes empresas extranjeras en el litoral. Fue contratado por "La Forestal", empresa de origen inglés, destinada a la explotación del tanino (extracto del quebracho), que se utilizaba en el curtido de cueros. Esta compañía causó destrozos a nivel ecológico y social en la provincia. La tala indiscriminados de quebrachos, sin su posterior reforestación, dejó miles de hectáreas inutilizables. Así, cuando ya no podían obtener más materia prima, levantaban la fábrica y se dirigían rumbo a otro lugar. De esta manera fue como los pueblos obreros que se formaban alrededor de las fábricas se convirtieron en pueblos fantasmas.

Durante el período en que trabajó en "La Forestal" vivió en Villa Ocampo como pensionista en una casa de familia. Fue en este pueblo donde conoció a la que en 1924 sería su esposa. Vilelma era cuatro años más joven que él y tuvieron 3 hijos, Lelia Yolanda, Carlos Alberto y Elsa Beatriz.

Yoly, Elsa y Carlos Alberto
 
En 1930 renunció a "La Forestal" ya que lo habían convocado para participar en la fundación de "La Industrial del Norte Ltd." y donde trabajó como tenedor de libros. Esta empresa se instaló en una fábrica que anteriormente había pertenecido a "La Forestal". La explotación del quebracho dejó de ser rentable y la empresa tuvo que vender sus instalaciones a muy bajo precio.

"La Industrial del Norte Ltd." era un Ingenio Azucarero. En 1942 trasladó sus oficinas centrales desde Buenos Aires a la ciudad de Rosario, ya que allí se encontraban los principales accionistas.

Carlos Enrique Mottironi murió en Rosario en 1962, siendo gerente general de la compañía.


3.- Carlos Alberto, mi abuelo.

Carlos Alberto, el primer hijo varón de Carlos Enrique nació en Villa Ocampo el 16 de junio de 1928. Allí vivió hasta los 11 años. Sus primeros años de educación escolar los realizó en una escuela fiscal y después en el Colegio Virgen Niña. Esta institución estaba dirigida por religiosas de la ciudad de Buenos Aires y fue aceptado, al igual que otros niños varones, únicamente porque su madre había participado en la comisión formada para instalar dicho colegio en Villa Ocampo.

Pasó su infancia entre la escuela, las escapadas para ir de "aventuras", sus caballos, su bicicleta, historias de Tarzán y las tardes de patín. Leía libros de Verne y Salgari, historietas como "el Tony" y "Pif paf". Acostumbraba pasar sus veranos en las sierras cordobesas, principalmente La Falda.

En 1938, cuando solo tenía 10 años tuvo una terrible enfermedad, tétanos. Jugando en su casa una maceta cayó sobre su mano y tuvieron que amputarle el dedo pulgar de la mano derecha. En aquella época no había vacuna antitetánica y contrajo la enfermedad. Estuvo al borde de la muerte y su recuperación fue realmente un milagro. Aun recuerda esos pocos segundos en que según el, estuvo muerto: un túnel con mucha luz, un camino semejante a un muelle, el mar y voces que pronunciaban su nombre.

El primer automóvil de la familia fue un Ford T modelo 1926 y más tarde en 1930 llegó el primer modelo de Ford A. En Villa Ocampo, gracias a una empresa privada, pudieron disfrutar del teléfono antes que muchas zonas de la ciudad de Rosario.

A partir de 5º grado realizó sus estudios en Rosario.  El primer año fue pupilo en el colegio La Salle, pero desde 1942 toda su familia se instaló en esta ciudad en una casa de Bv. Oroño al 400, por la cercanía concurrió al colegio de los Hermanos Maristas. Estudió hasta 2ºaño en ese colegio y en el verano de 1945 preparó 9 materias para poder entrar a la Escuela Industrial de la Nación anexa a la Facultad de Ciencias Físico-químicas y naturales de la Universidad del Litoral (hoy, el Instituto Politécnico que depende de la Universidad Nacional de Rosario). Faltando seis meses para graduarse abandonó sus estudios para instalar con un socio un taller de fabricación de aparatos radioeléctricos ya que era radioaficionado (LUCF2). Su padre tuvo que gestionar su emancipación comercial, solo tenía 18 años cuando comenzó a trabajar.

Por el accidente en el que perdió el pulgar derecho no realizó el Servicio Militar Obligatorio. Siguió trabajando durante tres años en su taller hasta que, en 1949, su padre funda una fábrica de cartón corrugado, cajas y envases (SICAR) en Santa Fe. Comienza allí a trabajar durante dos años, pero no era lo que le gustaba asique vuelve a Rosario donde instala otro taller, de fabricación de los Jerry, los autos-ratón.

 
Carlos Alberto y Norma en las sierras de Córdoba


En las vacaciones veraneaban en familia y con amigos en Mar del Plata. En enero de 1951 conoce allí a una chica, amiga de la hija de un matrimonio conocido de sus padres. Ella era la que después sería mi abuela. Norma vivía en Rosario con sus tías porque estaba estudiando el profesaorado en ciencias pero era de San Vicente. Pasaron todo ese verano juntos. A los pocos meses comenzaron a salir, el noviazgo duró cuatro años y en 1954 se casaron en el camarín de la Virgen del Rosario en la iglesia Catedral de Rosario. Pasaron su luna de miel en las sierras de Córdoba.

Tuvieron tres hijos Marta, mi mamá, Graciela y Carlos Rafael.


Transcurrieron los años hasta llegar a 1960, cuando fundó la sociedad "Mottironi y Caballero", dedicada a la fabricación de repuestos para bicicletas. Desde entonces comenzó a trabajar en la industria metalúrgica.

Años más tarde diseñó las primeras bicicletas plegables de Rosario, las "Graciela". Continuó en la industria hasta 1993, año en que se retiró. 

autora: Florencia Q.
año 1996