jueves, 17 de enero de 2013

Domaine St. Diego: Conociendo una bodega garage

Cerca de la ciudad de Mendoza, tierra de vinos con más de cien años de historia cristiana, en un terruño privilegiado en el distrito de Lunlunta del departamento de Maipú se encuentra el dominio que fuimos a conocer.

La palabra Domaine es de origen francés y se utiliza para identificar los dominios integrados de viña y bodega en un mismo lugar. St. Diego es un homenaje a un ser especial, que además de darle nombre a este emprendimiento ayudó a reunir una familia en torno a la bodega.

En un terreno arcillo-pedregoso, asentado en un profundo perfil de canto rodado, por ser un viejo brazo del río Mendoza, los viñedos ocupan solo 3 hectáreas de extensión. 
Hay uvas Malbec en espaldero con más de 8000 plantas por hectárea (0.70 m por 1.5 m) con más de 70 años de plantado y rejuvenecido por mugrón.
También uvas Cabernet Sauvignon de 4000 plantas por hectárea (1.5 m por 1.5 m) implantada en 1992.


El afamado enólogo argentino Ángel Mendoza fue por 25 años el enólogo de bodegas Trapiche, en la actualidad asesora a diversas bodegas y dirige Domaine St. Diego junto a su mujer y sus tres hijos.
Esta bodega comenzó como un proyecto familiar hace unos veinte años y hoy sigue realizando vinos de producción muy pequeña que sólo están disponibles para su compra en la bodega.
Su capacidad de vasija, como se dice, ronda los 120.000 litros, es lo que se denomina una Bodega Boutique.
Maria Laura, la hija de Ángel, es la que nos guía el recorrido que se centra casi exclusivamente en los viñedos. Mendoza cree que el vino debe hacerse en la bodega, pero crece en la viña.

Ellos dicen que "Domaine St. Diego es una bodega destinada a producir vinos de culto para amigos exclusivos, que aprecian nuestro particular estilo de vida contagiado por el fervor de nuestros abuelos"


Por haber crecido en la bodega, rodeada de viñas y vino, María Laura es como una enciclopedia andante sobre el mantenimiento de viñedos y la crianza de vinos.
Nos fue explicando como reconocer un racimo de malbec o un cabernet por su forma, las diferencias en las hojas y su tamaño o la maduración de la uva para la cosecha. 
 

Como la zona es desértica, transformada en un oasis por el hombre, el agua es de vital importancia y de escasa presencia. Vimos las acequias que atraviesan la propiedad llevando el agua desde las zonas altas hacia las más bajas. Nos contó del cupo de agua para riego asignado por el gobierno a cada finca. El almacenamiento de agua en estanque, el riego por manto y por goteo.
 
 
Junto con Malbec, Cabernet y Chardonnay en la viña, los Mendoza tienen plantadas unas pocas vides de la uva común, Bouschet Apirant. Son fáciles de encontrar porque las hojas tienen profundas vetas de color carmesí, esta variedad tiene pulpa de color rojo sangre y se utiliza para concentrar el color en los vinos sin aportarle nada más.

Bouschet Apirant

Con algunos de sus viñedos en las colinas, la finca se encuentra en un valle protegido por montañas a un lado y al otro. Por este motivo, rara vez enfrentan problemas de heladas o granizo, con el beneficio adicional de la exposición al sol durante todo el día.
Son estas uvas saturadas de sol las que forman parte del vino Paradigma, un blend que demuestra que un vino no necesita pasar tiempo en barricas para lograr concentración o gran potencial de añejamiento.


Mezclados entre las viñas hay alrededor de 300 olivos. Estos viejos árboles comparten la tierra con las vides, sin competir con ellas por el agua ya que tienen raíces más profundas.
Algunas de las uvas crecen en la sombra de ellos, y como resultado tienen una menor maduración y un nivel de acidez mayor. Mendoza utiliza estas uvas para el vino de la casa naturalmente espumoso, Brut Xero, elaborado en el lugar por un método rural antiguo de la región del Piemonte y Verona, 100 años antes de que se definiera el método champenoise de Francia, por el Abate Dom Perignon.


Recorrimos un pequeño circuito que nos llevó a un mirador con un lugar para sentarse a la sombra. Desde allí se observan los viñedos, la iglesia cercana y el seminario, obra llevada a cabo gracias a la donación de la dueña originaria de la finca.



Después de la caminata entre los viñedos, volvimos a la casa de la familia para degustar los vinos y el aceite de oliva. En un saloncito vidriado con vistas a los viñedos, nos esperaba una mesa con un mantel inmaculadamente blanco, unos cuencos con pasas de uvas rubias y negras y otros con cascaritas de naranjas confitadas y nueces.


Primero degustamos el aceite de oliva de la variedad Arauco, con aromas a fruta y sabor intenso.

Después llegaron los vinos: 
El primero, Elea, el brillante Malbec Rosé, vino naturalmente espumoso de uvas malbec, refrescante y con buena acidez en el paladar.
 

Luego llego el turno de Paradigma, un original vino de terruño sin crianza en madera (60% malbec, 20% cabernet franc, 20% cabernet sauvignon) único en Argentina, fresco y bien equilibrado con aromas a ciruela y frutas rojas en boca.
 

Y finalmente, Pura Sangre, un vino de moderada crianza en barricas de roble francés y americano (80% malbec y 20% cabernet sauvignon). Medalla de Oro en 'Malbec al Mundo'. Vainilla, clavo de olor, y mermelada de cereza negra en la nariz, el vino es redondo y rico en boca, con un final maravilloso.
Pura Sangre es un vino jugoso. Estuvo en madera nueva. Cultivado en espaldar alto, para que las uvas de abajo maduren más lentamente y le aporten más acidez. Tiene mucha ‘cereza’ y se nota que ya tiene nueve lunas".  



Ya estaba terminando la visita, en realidad nadie tenía ganas de irse, estábamos en una reunión tan agradable que nos hubiéramos quedado todo el día disfrutando del lugar y de la hopitalidad de Laurita, la anfitriona.

Fuimos a ver la bodega, los modernos tanques de acero inoxidable, y los tanques de cemento de la vieja bodega original que en la actualidad se utilizan para almacenaje de las botellas. Bajamos a la cava para ver las barricas de roble para la crianza del Pura Sangre. El aroma del lugar era exquisito.
Seguimos bajando hasta el sótano donde se realiza el proceso totalmente artesanal del vino espumante.




El recorrido había llegado a su fin.
Obviamente compramos algunas botellas de esos excelentes vinos.

Nuestro Grupo: Los López, los Quarín y los Varoli
La familia Mendoza, Angel con su mujer, sus hijos y nieto.

Si van a Mendoza no se pierdan esta visita. 
El lugar es precioso, la atención es magnífica y los vinos excelentes... Qué más pedir?


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