viernes, 27 de marzo de 2015

Montalcino, el pueblo del Brunello.

En la tarde de nuestro segundo día en la Toscana, luego de haber recorrido desde Siena a Montepulciano, Pienza y San Quirico D'Orcia llegamos a Montalcino,  una pequeña ciudad amurallada similar a las que ya habíamos visitado, situada en lo alto de una colina con un panorama que alcanza los valles de Ombrone y de Asso.

El paisaje toscano de toda esta zona se caracteriza por sus austeras colinas de cipreses oscuros y ciudades fortificadas, así como por las muchas hectáreas de viñedos que dan origen a algunos de los más prestigiosos vinos de Toscana, tales como: El Brunello y el Rosso de Montalcino.

El perfil de la Chiesa di San Francesco se destaca en el paisaje.


Montalcino, que con sus 564 m sobre el nivel del mar domina majestuosa el paisaje de su alrededor, nació con vocación militar, siendo enclave defensivo para los etruscos primero, y para florentinos y sieneses posteriormente.

La ciudad tiene 6 puertas de acceso que se conservan casi intactas. Desde la Porta al Cassero, una rampa de piedra nos lleva hasta el pórtico de entrada a la Fortezza, una construcción que se remonta al siglo XIV.
Ahí se conserva una bandera para recordar que la ciudad ofreció alojamiento a un grupo de rebeldes después que Florencia conquistó Siena en 1555. Para recordar este evento, un grupo de `sbandieratori` de Montalcino abre cada año el desfile del Palio de Siena.
 La Fortezza tiene cinco magníficos torreones poligonales.


El Patio Interior

 El Brunello di Montalcino es un vino de esta región vitivinícola de Toscana y se elabora exclusivamente con uvas Sangiovese cultivadas en tierras que se encuentran cercanas a Montalcino.
Toma el nombre de “Brunello” porque de esa manera se le conoce a la variedad Sangiovese que crece en la zona, además su traducción al español significa “poco oscuro”.
El Brunello di Montalcino fue casi desconocido fuera de la zona de producción y de un círculo restringido de entendidos hasta la mitad de los años ’60.
Durante la década siguiente fue haciéndose más conocido hasta convertirse quizás, en el más cotizado vino italiano de calidad.
Se produce según las normas de un estricto reglamento que, además de fijar límites de producción por hectárea, periodo de añejamiento, características del producto, establece que antes de comercializarlo, el vino se someta al examen de una comisión correspondiente para el reconocimiento de los requisitos de especial prestigio de los cuales enorgullecerse por la DENOMINACIÓN DE ORIGEN CONTROLADA Y GARANTIZADA.





 Las plazas Garibaldi y del Popolo son los centros neurálgicos del Montalcino actual. Allí se emplaza el Ayuntamiento (Palazzo Comunale).
El Palacio Comunale es un edificio del siglo XIII, construido en piedra y ladrillo que tiene una  hermosa torre medieval.



 La Catedral de San Salvatore, la iglesia que se convertiría en la catedral se construyó en el siglo XIV en el sitio de la antigua Pieve de San Salvatore, que se cree que había sido construida en torno al año 1000, y fue elevada a la categoría de catedral en 1462 por el Papa Pío II.
 

Fue demolida y reconstruida entre 1818 a 1832 en el estilo neoclásico. Su arquitectura se caracteriza por un pórtico, formado por seis columnas jónicas y entablamento. Tres portales en el frente del este indican la división del edificio en tres naves, que tienen bóvedas de cañón. El campanario data del siglo XVIII. Los materiales para su construcción se tomaron de la iglesia románica de San Pietro in Asso.



 Me encantaron esas fachadas decoradas con frescos, los balcones aterrazados llenos de flores y los patios o rincones siempre con mucho verde.

 



  Recorrimos las tranquilas calles de este pueblo, con menos turistas que los que habíamos visitado anteriormente.
Sobre el final de nuestro camino nos encontramos con la Iglesia de la Madonna del Soccorso, construcción del siglo XVII, con una magnífica fachada neoclásica en mármol travertino.



 Antes de buscar el coche que habíamos dejado en el parking, nos tomamos algunas fotos de recuerdo y disfrutamos los últimos rayos del sol de la tarde contemplando el hermoso paisaje toscano. Todavía nos quedaban algunos kilómetros de viaje para volver a Siena.


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